La Tierra estrena segunda luna que la acompañará décadas
La Tierra sumó un nuevo acompañante en su viaje por el espacio. La NASA confirmó la existencia de una cuasi-luna, un pequeño asteroide que seguirá una trayectoria sincronizada con la del planeta durante varias décadas, sin representar ningún riesgo para la humanidad.
Un acompañante cósmico discreto
El objeto, identificado como asteroide 2025 PN7, fue detectado en agosto pasado por el sistema Pan-STARRS, ubicado en Hawái. Los análisis orbitales indican que este cuerpo rocoso, de aproximadamente 19 metros de diámetro —similar al tamaño de un edificio—, mantiene una configuración especial que le permite acompañar a la Tierra en su recorrido alrededor del Sol.
Aunque popularmente se le ha llamado “segunda luna”, los especialistas aclararon que no se trata de un satélite natural como la Luna. Su movimiento genera solo la ilusión de que gira alrededor del planeta, cuando en realidad orbita al Sol casi al mismo ritmo que la Tierra.
¿Qué es una cuasi-luna?
Las cuasi-lunas son objetos que comparten un periodo orbital muy parecido al de la Tierra. Desde nuestro planeta, su desplazamiento parece formar un bucle alrededor del globo, pero no existe una unión gravitacional estable.
Datos del Minor Planet Center y del Planetary Science Institute señalan que actualmente existen al menos siete cuasi-lunas identificadas en las cercanías de la órbita terrestre.
El astrónomo Ben Sharkey, de la Universidad de Maryland, explicó que estos descubrimientos obligan a replantear la idea de un entorno espacial estático, al demostrar que pequeños cuerpos pueden compartir la órbita terrestre durante décadas sin convertirse en lunas propiamente dichas.
Mini lunas y valor científico
A diferencia de las cuasi-lunas, las llamadas mini lunas sí quedan atrapadas temporalmente por la gravedad terrestre, aunque su permanencia suele ser breve e inestable. Estudios publicados en la revista Icarus confirmaron la observación directa de cuatro mini lunas hasta ahora.
Investigaciones del Planetary Science Institute y de la Universidad de Maryland sugieren que muchos de estos objetos provienen del cinturón principal de asteroides y llegan al entorno terrestre tras interacciones gravitacionales con Júpiter.
Sin peligro y con gran valor científico
La NASA fue enfática en señalar que el asteroide 2025 PN7 no representa ningún peligro, ya que se mantendrá a millones de kilómetros de distancia, incluso más allá de la órbita lunar. Además, no será visible a simple vista debido a su pequeño tamaño y baja reflectividad, por lo que solo podrá observarse con telescopios especializados.
Lejos de generar alarma, los científicos consideran que este fenómeno representa una oportunidad única para estudiar la interacción entre pequeños asteroides y planetas, así como para mejorar los modelos de dinámica orbital.
Así, aunque la Tierra no tendrá literalmente dos lunas, sí compartirá su trayecto por el espacio con un silencioso acompañante, invisible para el ojo humano, pero de enorme valor para la ciencia moderna.



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