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El Conchas, el perro famoso de Iztapalapa que ama pan

El Conchas, el perro famoso de Iztapalapa que ama pan

A finales del año pasado, una historia compartida en redes sociales volvió famoso a un perro de Iztapalapa apodado “El Conchas”, un lomito que se ganó el corazón de vecinos por su amor al pan dulce.

Un vecino más de San Simón Culhuacán

Contrario a lo que muchos pensaron, El Conchas no es un perro callejero. Vive con sus dueños en la colonia San Simón Culhuacán, en Iztapalapa, donde es cuidado y querido. Incluso tiene un hermano canino llamado “El Pirata”, con quien comparte techo… y antojos.

La historia fue compartida por Paola en Facebook, donde relató cómo, hace unos cuatro años, vio por primera vez al perro caminar apresurado con una concha en el hocico rumbo al metro. Aquella escena cotidiana despertó risas, curiosidad y una serie de historias imaginarias.

Amante de las conchas… y de los tamales

El perro famoso de Iztapalapa se volvió conocido porque a lo largo del día suele recibir conchas que los vecinos le regalan. Según el relato, El Conchas es selectivo: si alguien le ofrece un bolillo, lo lleva directo a su hermano. Pero cuando se trata de pan dulce o tamales, no hay negociación.

Paola contó que su familia dudó de la historia hasta que su madre lo comprobó por sí misma, comprándole una concha que el perrito devoró sin pensarlo dos veces, para luego seguir su ruta en busca de otro obsequio.

Chocolate, su nombre real, y un mural como homenaje

Aunque su nombre verdadero es “Chocolate”, el apodo de El Conchas ya es parte de la identidad del barrio. Vecinos lo describen como un perro fiel, que acompaña a la gente hasta la puerta de sus casas y siempre anda tranquilo por las calles.

El cariño fue tal que recientemente se le realizó un pequeño mural en su honor. Aunque se desconoce quién fue el autor, Paola logró captar imágenes del proceso, destacando el orgullo que siente la comunidad por este perro famoso.

Historias como la de El Conchas recuerdan que, incluso en medio del ruido de la ciudad, los lazos comunitarios siguen vivos. Un perro, un pan dulce y un barrio unido bastaron para crear una leyenda urbana entrañable.

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