Coqueta del Atoyac: el colibrí único que habita Guerrero
La Sierra de Atoyac, en el corazón de la Costa Grande de Guerrero, alberga a una de las aves más pequeñas y extraordinarias del país: la Coqueta del Atoyac, un colibrí endémico de Guerrero que solo existe en esta región.
Un ave única en el mundo
La Coqueta del Atoyac, también conocida como coqueta cresticorta, habita principalmente en las zonas intermedias de la Sierra de Atoyac, donde se le ha observado alimentándose del néctar de diversas flores, incluidas las del café, cultivo esencial para muchas familias guerrerenses.
Este pequeño colibrí mide apenas entre 7 y 7.5 centímetros y pesa alrededor de 2.7 gramos. El macho destaca por su plumaje verde broncíneo, pecho castaño rojizo y un penacho corto de plumas anaranjadas en las mejillas, mientras que la hembra presenta colores más discretos y carece de estos copetes.
Importancia ecológica en Guerrero
Aunque diminuto, el colibrí endémico de Guerrero cumple un papel fundamental en el ecosistema. Su principal función es la polinización, un proceso clave para la reproducción de plantas silvestres y cultivos como el café, fortaleciendo la biodiversidad de la Sierra de Atoyac.
De acuerdo con la bióloga Rocío Meneses, los colibríes son especies frágiles, altamente sensibles a la reducción de su hábitat y al cambio climático, factores que también afectan la disponibilidad de las flores de las que se alimentan.
En peligro de extinción
Actualmente, la Coqueta del Atoyac se encuentra catalogada en peligro de extinción. La deforestación, el cambio climático y la falta de estudios poblacionales suficientes han complicado la implementación de acciones legales que frenen su captura y explotación.
A esta situación se suma el uso cultural de los colibríes como supuestos amuletos de amor, una práctica que suele incrementarse en fechas como el 14 de febrero. Especialistas advierten que esta creencia no tiene sustento científico y representa una amenaza directa para una especie ya vulnerable.
Simbolismo y conciencia comunitaria
Desde la época prehispánica, los colibríes han sido vistos como símbolos de renacimiento debido a su capacidad de entrar en “torpor”, un estado en el que reducen su metabolismo y temperatura corporal. Sin embargo, hoy la prioridad es protegerlos y generar conciencia sobre su valor ecológico y cultural real.
Cuidar a la Coqueta del Atoyac es también proteger la Sierra de Atoyac y el patrimonio natural de Guerrero. La conservación de esta especie depende del respeto a su entorno y del compromiso comunitario para evitar prácticas que pongan en riesgo su supervivencia.



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